LOS GUAJOLOTES Y …… KAPUT!

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Ocurre que hay restaurantes que le marcan a uno la infancia o la adolescencia y luego, con el paso del tiempo, siente uno la necesidad de buscarlos para reproducir esas experiencias gastronómicas grabadas en el alma. Así nos pasó con Los Guajolotes, aquel restaurante de gran tradición que por décadas  estuvo operando en la esquina de Insurgentes y San Antonio… , muy cerca de la Plaza de Toros de México.

Nos quedaron en el alma sus sabores mexicanos, su carne de pavo, sus enchiladas, sus sopecitos y, principalmente: sus tortas. De milanesa, de pavo, de pavo pibil, de lomo adobado, de chorizo, etc. Bastas, bien rellenas, con deliciosos ingredientes extras (hasta crema), jugosas, suculentas… deliciosas!

Aquí, incluso las mencionamos como un punto de referencia en alguna de las entradas. Pero como todo en la vida, las cosas buenas llegan, pasan y se van. El restaurante desapareció de aquel su enclave de muchos años, y con él se fueron sus especialidades… y sus tortas. Parece ser que los dueños del edificio donde operaba Los Guajolotes aceptaron una sustanciosa oferta de un corporativo millonario y vendieron a precio de oro esa esquina de óptima ubicación comercial.

Cuando la nostalgia por aquellas tortas riquísimas nos entró, buscamos febrilmente a dónde se habrían cambiado Los Guajolotes. Acabamos por descubrirlos por allá, hasta arriba de Bosques de las Lomas en una zona de muchos restaurantes y comercios. Hicimos el largo camino desde el centro de la capital y por fin hallamos el restaurante. Encontramos Los Guajolotes. Lo que no encontramos fueron sus tortas! Para empezar, ya no hacen las de chorizo (que dizque porque tuvieron que reducir el número de platillos, ingredientes y sabores por las pequeñas dimensiones de su nuevo local). Tampoco está el personal que tradicionalmente atendía. Quizá… un rosticero… o uno de los loncheros. Y ya es mucho. Las nuevas tortas, además de carísimas ($120-$140 pesos), son, para decirlo en una palabra: Malas. Su “adobo”, no es más que un champurrado dulzón con el que bañan la carne de cerdo, y que acaba siendo el ingrediente principal de una torta que, de verdadero lomo adobado, no tiene nada. Platón decía que el mundo de los humanos no era más que sombras -de los objetos reales, perfectos, ideales- proyectadas en las paredes interiores de una caverna. Las tortas de los “nuevos” Los Guajolotes, no son ni la sombra de lo que alguna vez fueron. Nuestro viaje a la búsqueda de la torta perdida, acabó mal.

Calificación (del 1 al 10): 1

(Para colmo,  entregan las tortas en recipientes de plástico, sin envolverlas previamente en papel, lo que favorece que se suden y agüen en segundos!!!!)

NOTA.- Mi hija y yo tenemos criterios diferentes respecto a muchas cosas, de modo que no asumo responsabilidad alguna respecto a lo que ella escriba.

 

COMENTARIOS DE MI HIJA, LA MENOR (es adolescente):

Comer una buena torta es como comer un manjar. Me gustaría decir que las tortas de Los Guajolotes  son las mismas que comía hace unos años. La torta de chorizo de Los Guajolotes era una de las pocas cosas que yo -de pequeña, y comiendo tan poco como comía- podía terminarme en una comida.  Eso, entre algunos otros ricos platillos mexicanos que ofrecían en la amplia carta y los cuales solía comer en el restaurante  de Los Guajolotes que estaba en Insurgentes. Como siempre, no sé qué pase en las cabezas de los administradores de los lugares que siempre que renuevan algo, quitan lo que mejor tenían. Ahora, triste y cabizbaja, no me queda más que decir que esas tortas ya no podrán formar parte de mi alimentación; pedimos una torta cubana y otra de lomo adobado. A ver si me explico: No es que pida demasiado, pero justo es que si pagamos más de $100 pesos por cada una de esas tortas, por lo menos deberían tener el sabor de lo que sus nombres proponen. La torta cubana no tenía sabor, el queso era plástico y desabrido, la pierna creo que se la vi, pero nunca sentí su sabor, el jamón, bueno, sentí pena ajena. Se necesita tener poca vergüenza para, teniendo el capital adecuado para poner un jamón de cierta calidad en sus tortas, le pongan un jamón muy similar al de las torterías de los puestos callejeros de lámina y cobrarte el triple! La torta de lomo adobado por otra parte, no sé si el tortero se equivocó de guiso, o si ya se le había acabado el lomo adobado, pero el sabor de esa carne dulce que tenía, se acercaba más al de una carne en BBQ que a adobo. Con nuestras varias experiencias en muchos restaurantes y lugares de comida, nos ha quedado claro que es mejor pedir poco a pedir mucho y luego arrepentirnos. Nos hubiera gustado que Los Guajolotes permanecieran fieles y no nos dejaran arrepentimiento.

Aquellas personas que conocían Los Guajolotes originales y que aún no visitan la sucursal suplente del mismo nombre, se harían un favor si lo dejan así. Tal vez no me importaría mucho si fuera cualquier lugar, pero ver uno de tus restaurantes favoritos venirse abajo y convertirse en un restaurante cualquiera, no es nada agradable. Es tan triste como ver la pésima calidad de los alimentos de platillos (tradicionales o innovadores) de muchos restaurantes  de hoy en México, que sólo te dejan un mal sabor de boca.  Los precios de Los Guajolotes podrían haberse justificado antes, pero ahora no sólo no se justifican, sino que resultan estafadores. Por una tostada te cobran $110 pesos! Por un pollo (que más bien parece medio) te cobran $270!  Y varios platillos así. Y si unas tortas sin complicación  (que en un inicio eran sabrosas) no son capaces de reproducirlas, del pollo, la tostada, y muchas otras cosas, no quisiera ni enterarme.

Casi hubiera preferido que Los Guajolotes hubiera muerto o desaparecido sin rastro, al menos lo habría hecho con dignidad!

Calificación (del 1 al 10):  1

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Myself dice:

    El personal original está en otra parte y con otro nombre. Source: me llevaron a desayunar ahi una vez.

    Me gusta

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