LA ESTACIÓN a donde no llegaron los Cursos de Gastronomía

Siempre hemos dicho en este blog que lo peor no es ser un restaurante malo, lo peor es ser un restaurante pretencioso. Aquél que se las da de ser lo que no es. Aquél que presume de tener alcances que en realidad no alcanza y que cobra mucho por ello, resultando así en un restaurante engañabobos, para ésos que se dejan deslumbrar -como los antiguos indios mexicanos- por los abalorios y las cuentas, y acaban entregando su oro a cambio. Esos restaurantes pretenciosos, engañabobos, bogan con bandera de lugares gourmet, incluyen en sus menúes platillos pretendidamente gourmets, con términos gourmets, y cobrándolos a precios de restaurante gourmet; pero son, en realidad, malos restaurantes que resultan carísimos, y no tanto porque en todos ellos los precios sean demasiado altos, sino porque para lo que realmente sirven y para el servicio que dan, sus precios son realmente caros.

Obsérvese ese “lomo canadiense”, esa masa…y ese “queso”…Esto es una pizza de un restaurante serio?

Un restaurante auténtico, profesional, con buena comida y buen servicio, que no pretende ser lo que no es, que conoce sus alcances y limitaciones y se dedica a dar al público un buen servicio, comida fresca y bien hecha, a precios justos con respecto a lo que sirven, será siempre un buen restaurante, aunque no tenga nombre francés o italiano, aunque en su menú no aparezcan extranjerismos ni complicaciones gastronómicas, e incluso aunque no aparezca con ninguna estrella en la Guía Michelin.

El caso de La Estación en (Calle Francisco González Bocanegra 318, Agua Fria, 51200 Valle de Bravo, Méx), lamentablemente, es de los primeros: Es un restaurante malo. Un restaurante pretencioso. Y es lamentable, pues se aprecia que su personal se preocupa, pone esmero, y trata de quedar bien; pero el dueño, el “chef” o los responsables del concepto del restaurante, del menú y del diseño de los platillos, muestran una ambición imposible de satisfacer con sus limitadas capacidades.

El menú es muy amplio; el diseño de los platillos, snob; los emplatados, fallidos; el cocinado, defectuoso; el resultado: Malo. Tsch…tsch…malo.

Se encuentra en un buen lugar, sus instalaciones no son desagradables y cuenta con una pequeña terraza con una vista linda, pero nada de ello justifica los precios que cobran, ni la comida que tiene uno que comerse para disfrutar de la vista.

De todo lo que comimos -sopa de tortilla en un triste caldo de jitomate!; carne a la tampiqueña pasada de término y vieja; canelones rellenos en salsa demasiado espesa; pizza del Chef (**), fettuccine crudos y con un mínimo de salsa, resecos al máximo y al moverles la salsa espesa, aparecía abajo una sustancia aguada, y coronados con un exceso de queso “parmesano” tipo Kraft; sándwich de pollo en pan integral, el pollo, remojado en un pan más remojado y con una guarnición de papa reseca al horno con “tocino”, aun más reseco!- una sola cosa se salvó: La malteada de chocolate! (Y hasta eso, la primera, porque la segunda que pidió mi hija la mayor, ya estaba hecha con descuido -tuvimos que regresarla pues se les olvidó ponerle el helado!!!! Cuando la muchacha volvió, regresó con una bolita micrométrica de helado y se lo echó a la malteada…-). Lo demás, casi como para tirarlo a la basura. (**)Y su pizza, definitivamente y sin exageración: la peor pizza que he comido en mi vida. No era masa de pizza! Y su “lomo canadiense”, en serio, lo digo con absoluta seriedad, estaba más duro y correoso que suela de huarache! Vean las fotos… Si ésa es su “Pizza del Chef”… a ese chef deben correrlo hoy mismo!

De ahí que se me ocurre pensar cuál sea la razón de La Estación para querer abarcar más de lo que puede? Por qué no reducen su menú y se dedican a vender malteadas y sándwiches o malteadas y hamburguesas? Cuál ese afán de querer tener comida “internacional” y platillos múltiples cuando no son  capaces de hacerlos bien?

A final de cuentas -y más allá de lo nada sabroso de sus platillos, la poca calidad de los mismos y sus precios carísimos para lo que te sirven-, entendemos que debe haber algún problema mayor en ese restaurante. Quizá de la administración o de los dueños. Ya para que le digan a uno que no le pueden servir un café americano porque se fue la luz, o que no pueden cargar la propina en el mismo voucher de la tarjeta de crédito porque el dueño exige que las propinas que se dejen sean en efectivo…!

Calificación de Police Gourmet (del 1 al 10): 2

NOTA.- Mi hija y yo tenemos criterios diferentes respecto a muchas cosas, de modo que no asumo responsabilidad alguna respecto a lo que ella escriba.

COMENTARIOS DE MI HIJA, LA MENOR (es adolescente):

 

 

Andando por los turísticos caminos de Valle de Bravo, una tarde tormentosa de agosto, decidimos entrar a un restaurante que tenía buena pinta, pero sólo por fuera. Lo que sucedió dentro, ya no tenía remedio…

 

Uno creería que en los pequeños pueblos turísticos resultaría más fácil encontrar buenos restaurantes para comer y pasar un momento agradable, pero no; desde que las nuevas generaciones agarraron la moda de la gastronomía, todos sueñan con su restaurante puesto en alguna grande ciudad, en el extranjero, o incluso en un pueblo turístico, donde se dispondrán a cocinar a su modo, usando los nuevos métodos de explicación de un platillo -no importando si es el mismo tipo de platillo de hace más de 50 años, ellos lo pondrán adornándolo con una frase acomodada en el menú y alguno que otro ingrediente diferente, para que a los turistas y personas desinteresadas, les parezca que están comiendo algo original-, y las nuevas forma de emplatar… En el restaurante La Estación, de Valle de Bravo resultó haber una muchacha preocupada por la calidad de las preparaciones de los platillos que salían de la cocina -la cual estaba tan sólo a unos metros de nosotros- y que parecía estar al cargo de los meseros y la atención proporcionada a los clientes.

Se parece al de la foto de al lado!

Lamentablemente, fue un desastre de platillos: El queso con chorizo que pedimos como entremés, para compartir, fue una decepción. El chorizo era barato y estaba mal cocinado, parecía veneno para ratas encima del queso, el cual, en cuanto se enfrió un poco, se volvió una masa pegajosa de plástico dura. La mantequilla “de cilantro” estaba completamente desabrida y sin sabor, sólo fría y dura. Por las “ocurrencias” que los “chefs” en cocina tuvieron, la sopa de tortilla de mi papá parecía un ser extraño, una especie de puerco espín, algo así, pues las tortillas en vez de ir puestas como tradicionalmente, llegaron rodeando -dentro del plato- un menjurje de no sé qué con crema encima, o que se habían inspirado en uno de esos nuevos peinados que los jóvenes “rebeldes” se hacen! No sé, cualquiera de las dos cosas. Y para colmo, la muchacha que le sirvió el caldo de la sopa, ni siquiera sabía servir. Vertió el caldo encima del menjurje cubierto de crema y -lógico- salpicó a mi papá y a la mesa.

Pero el real problema llegó con las Entradas. Las pastas que ordenamos estaban completamente crudas, la salsa espesa y reseca, bueno, la de mi hermana, que se supondría sería igual a la que ordené yo, completamente escasa de salsa!, o sea, más seca todavía. La pasta de mi mamá, sin chiste, un bodoque espeso!… La carne que ordené estuvo mejor que la pasta, de la cual, mi hermana y yo, dejamos casi el platillo entero, pero en cualquier lugar podía haberla comido mejor sin sufrir un muy mal sabor de boca por una pasta cruda!

Me parece que los encargados de La Estación, no tienen ni idea de lo que es cocinar bien. Me dio la impresión de haber llegado a una escuela de gastronomía y estar comiendo comida de los alumnos que apenas están en su primera semana de práctica y aprendizaje. No sé dónde habrán aprendido a “cocinar”, pero definitivamente, no acabaron sus estudios! Parecía que el encargado de barismo era el único que más o menos tenía idea de qué hacer: Las primeras malteadas de chocolate, estaban sabrosas. Sólo regresaríamos por ellas, pues si fuera por su comida, preferiríamos pasarnos de largo, pues lo que creímos sería una buena comida, acabó por desilusionarnos grandemente. Aparte de todo, mientras comíamos sentimos un olor a detergente limpiador que se nos metió en la nariz, la razón, una mujer limpiando las escaleras a tres metros de nosotros!!! Limpiando mientras los comensales comen! Se pasó ahí casi 45 minutos! Ni en los internados de las películas… Y luego se le acercó otra mujer cargando a un bebé! Parecía guardería…

La lechuga que le dieron a mi hermana estaba negra, marchita y sucia!

A los que manejen ese “restaurante”, con respeto, un consejo: Acaben un buen curso de gastronomía, y aprendan lo que significa una pasta “al dente”, antes de querer volar tan alto! Y contraten a un buen pizzero, pues su pizza parecía una tortilla de harina grande y aplastada que, si hubiera habido un concurso a la pizza con más sabor de harina del mundo, lo habrían ganado. Porque su aprendizaje sobre la marcha en un restaurante abierto a todo público, casi nos cuesta la salud!

Los postres ni los quisimos probar, si así de fea estuvo su comida, creímos los postres estarían peor!

Al final pensé que, de ser la muchacha la encargada del lugar -la chef o la sous chef-,  probablemente su preocupación estaba más inclinada hacia el hecho de que ella sabía lo que los de cocina estaban sacando como si fueran platillos dignos de cobrar. Tal vez sabía que no tenían vergüenza los meseros al siquiera sacarlos de cocina para llevarlos al área de piso; luego pensé que tal vez ella los había dado por buenos, lástima, de verdad que no sé cual de las dos opciones sea peor. Sea  quien haya sido el chef a cargo, y sea cual haya sido la razón para dar tan mal servicio en cuanto a los platillos y haber tenido la cara dura de siquiera entregarlos, los de La Estación deberían tener claro que la carrera que podrían tener por delante, se les va a desplomar en muy poco tiempo.

Calificación (del 1 al 10): 1

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