LA CASA DEL MULLI Y SUS MOLES AMOLADOS…

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Suelo decir “el éxito no está sujeto a discusión“. Con ello pretendo explicar que no importa cuánta sea la crítica ni qué tanto te ataquen, si tienes éxito, por algo será. Considero a La Casa del Mulli como un lugar exitoso en términos de asistencia diaria y rentabilidad.

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Si pasas por ahí (Manuel E. Izaguirre #27, Colonia Ciudad Satélite, 53100, Naucalpan de Juárez, Estado de México, México) a la hora de la comida, lo verás invariablemente lleno y, a veces, hasta con personas esperando lugar.

 

Es el típico restaurancito dirigido al segmento de mercado de personas que buscan su comida corrida de las 2 de la tarde, con varias entraditas, su jarra grande de agua semi insípida, y todo a un precio completamente accesible. O sea, comida sin complicaciones para gente sin pretensiones.

El problema es cuando analizas a La Casa del Mulli desde otro punto de vista; aquél que se basa en la idea pretensiosa de los dueños, de querer venderlo como un lugar de comida más “selecta”, pues su concepto está basado en la oferta de moles de distintos

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sabores. Esa idea no es mala. Presenta un concepto diferente basado en la tradicional preparación mexicana presente en nuestra gastronomía desde antes de la conquista española: el mole.

Lo malo de La Casa del Mulli, en este caso, es la pobre realización de ese concepto. Moles que, del ingrediente principal que ostentan en su nombre, no tienen más que eso: el nombre, pues el sabor y la consistencia se encuentran lejos… muy lejos… y muy pobres. Lo que te dan es un “mole poblano” aguado, sin chiste y pasado de dulce. Un “mole encacahuatado” aguado, sin chiste y con un tenue, muy tenue recuerdo de lo que puede ser el sabor a cacahuate. Un “mole verde” pasado de espeso e insípido, dejando mucho que desear de lo que verdaderamente es un mole verde. Para hacerlo rentable y de alguna manera atractivo, te ofrecen frijoles y arroz para acompañar tu mole, y te ponen en la mesa un platito de diámetro chiquito con un poquito de arrocito y un poquito de frijolitos (aquí, el uso del tan mexicano diminutivo no es por lo mexicano sino, literalmente, por lo chiquito de las porcioncitas).

 

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En suma o, mejor dicho, en resta, aunque La Casa del Mulli tenga su buena clientela diaria, no pasa de ser uno de esos lugares tan multiplicados actualmente en el Valle de México: La típica fonda o restaurancito con su comida corrida, pa’ que usted no se mal pase. No más.

Aunque los precios de la carta, en sí, no son exhorbitantes, cuando analizas lo que te sirven por esos precios, resulta un restaurante caro.

Por último: un buen mole no te cae pesado, no te irrita ni te suelta del estómago. A los tres que fuimos a comer ahí, sus moles nos cayeron pesados, nos irritaron y nos soltaron del estómago. A las dos horas de haber comido ahí, nuestro sistema digestivo era una revolución -democrática, eso sí, pero revolución!

Calificación de Police Gourmet (del 1 al 10): 5

NOTA.- Mi hija y yo tenemos criterios deferentes respecto a muchas cosas, de modo que no

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asumo responsabilidad alguna respecto a lo que ella escriba.

COMENTARIOS DE MI HIJA, LA MENOR (es adolescente):

Que ofrecen la mejor selección de moles? Que pruebe la mejor calidad de mole? Los mejores moles artesanales? Are you kidding me? Really?? Qué bueno… Ustedes coman ahí si quieren, y créanlo, pero no me vengan a decir que comieron en un lugar donde probaron unos moles deliciosos, ni siquiera sabrosos, bueno, ni si quiera buenos, porque sería una mentira enorme.

El mole verde que pedí no sabía a un real mole verde, su consistencia parecía la de un menjurje grumoso de ésos que suelen verse formados por lodo, y que se encuentran generalmente por los pueblos poco habitados donde regularmente llueve mucho…

Mole del Mulli sobre unas enchiladas…

Recuerdo haber tenido un antojo muy grande de mole verde desde hace tiempo, pues en mi memoria guardé el recuerdo de los moles verdes que se preparaban desde los tiempos de mi abuelita y cuya receta fue pasando de generación en generación hasta llegar a la nuestra, la de mi hermana y mía. Durante gran parte de mi infancia comíamos moles en la casa, y uno de ellos era el Mole Verde, que por tradición y casi rito, se preparaba siguiendo la receta guardada durante años de mi bisabuelita. Pero lamento informarles que al ir a La Casa del Mulli y probar su mole verde, las ganas de comer mole verde se me quitaron y no creo que regresen durante un buen tiempo!

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Mole del Mulli! Hasta con un tono negro se ve!

El pollo, por lo menos, no estaba seco y parecía ser fresco, pero el restaurante, por fuera, decía MOLES, y ésos eran los que íbamos a probar, no el POLLO!

Me disculpan, pero no creo que entiendan lo que es preparar un buen mole… Bueno, en su caso, no supieron preparar ninguno de los tres que probamos: Encacahuatado,

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Poblano, Verde… Los demás no quisimos probarlos, en primera, porque no íbamos a arriesgar nuestro dinero después de probar tres tipos de mole diferentes y de los cuales ninguno nos gustó, y yo menos, después de comerme sus enchiladas bañadas con una crema tipo Chipilo (si no es que realmente era Chipilo, una de las peores cremas que existen sobre la faz de la tierra), porque quedé como pavo relleno, de Navidad. Me faltaba el spaghetti al lado. Y si querían ser creativos, qué bueno, nadie se los impide, pero les pido a los de La Casa del Mulli que por favor, para la otra, estudien mejor lo que se llaman “proporciones”, que los maestros enseñan a los niños lo que significa, desde el kinder!, porque sus “tortillas de plátano” estaban tan gruesas que me dejaron sin sensibilidad en la boca de lo dulces y empalagosas que estaban. Les recomiendo que si deciden comer en La Casa del Mulli de Satélite y tienen algún problema dental, hagan una cita con su dentista previamente, pues después de comer un plato de esas enchiladas, la boca les va a quedar lista para cualquier operación o extracción de muelas, con suerte se ahorran un poco de dinero y le pagan menos al dentista. Y no bromeo, si alguien lo quiere confirmar… be my guest!

Y todavía con una desfachatez te preguntan que si quieres consomé o frijoles, pedimos

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frijoles, y lo que nos dieron como arroz y frijoles, bueno, aquí lo pueden ver, unos platitos tan pequeños que creo que sacaron de las jaulas de los pericos que tendrían en la parte de atrás de la cocina,  que contenían una porción mínima como para bebé de un año y creo que hasta si un bebé se lo hubiera comido, se habría quedado con hambre!

Lo que nos pasó unas horas después de comer ahí, considerando lo que provocan las malas comidas, se lo pueden imaginar. Nadie está a salvo si va a comer a La Casa del Mulli, nadie, ni la mosca más astuta!

Ni la ladilla más valiente!

LOS MEJORES MOLES, pues quién sabe si a lo mejor, los de su abuela, aunque tampoco creo!!! 

Calificación (del 1 al 10): 3

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